Abejoneta

“Abejoneta”

Pensaba Arnaldo en la oscuridad del cuarto para describir el ruido que hacía el ventilador

“Una mezcla de abeja y avioneta”

Le gustaba hacer nuevas palabras mezclando el inicio de una con el final de la otra, una idea que no estaba seguro si era suya o la había sacado del chapulín colorado.

Hoy le tocaba a el hacer dormir a Aarón, que luego de tomar el biberón estaba a sus pies acariciandole la pierna, ritual infaltable que le indicaba que tenía aún 10 minutos para que termine su labor.

Arnaldo aprovecho para esbozar en su mente una historia.

Se había puesto la meta de escribir , en parte para pelear contra su memoria que en el tenía la misma permanencia que el vapor sobre el espejo del baño y en parte para intentar ralentizar el tiempo que parecía nunca alcanzar velocidad terminal.

Su teoría era que la culpa de eso la tenían los teléfonos.

“Hace falta estar aburrido también” - decía - “para encontrar el tiempo de apreciar los detalles, los matices, los olores , los sonidos, la mezcla que, dejando reposar un buen tiempo forma la masa de la nostalgia”

“Los teléfonos nos han salvado del aburrimiento, pero nos dejan sin recuerdos”, se decia, aunque sabía que “la resistencia es inutil”, pensaba que el ejercicio conciente de escribir le obligaría a bajarse del tren bala.

Se había dicho de Augusto Doblazar - su escritorio preferido - que el escribía sobre cosas ordinarias, haciéndolas extraordinarias.

“Sera un buen antídoto contra la excusa de esperar a que pase algo extraordinario para escribir” pensó mirando la luz roja del ventilador en el cuarto obscuro mientras sentía que el sueño lo envolvía.

“Bueno , por lo menos ya tengo la primera frase del cuento”

“Abejoneta”